Escribo en julio un variopinto

Estos últimos días han estado llenos de regalos. Salí de vacaciones y tuve la fortuna de ver de cerca a Rubén Albarrán, vocalista de Café Tacvba, grupo emblemático en México por su creatividad y energía. Escuché, al igual que los ahí reunidos, el mensaje de Rubén sobre nuestro mundo, la esperanza, el cuidado de la Madre Tierra, el sagrado arte Wirrárika.

Sus palabras todavía suenan en mi interior, y le di un regalo muy especial: un libro y una carta. Mi corazón está en paz, sé que con su espíritu pudo percibir lo que significa para nosotros, para mí, su voz.

Rubén Albarrán, entrega de libro: “África. Un viaje de cuento”, de Salva Rodríguez.

Gracias a Carmen y Yeriel, compañeros de aventura. Gracias a Rubén por su paciencia y alegría, por su sencillez para atendernos, mirarnos a los ojos y sonreír con las más de 100 personas ahí reunidas. Gracias a los artistas que conservan y renuevan su arte original, de raíces ancestrales, pueblos originarios en lucha. Gracias a Hattie por el regalo de una vaquita, decorada con chaquira. Espero que sus colores vivos contagien esas zonas grises dentro de mí y se mezclen con los colores de la vida.

En estos días también recibí otros regalos, algunos de manera intencionada y otros al azar: un cartón para pintar, un panecito, un rico pay de limón, ayuda para realizar una factura… una exquisita paella, una carta bellísima con la sabiduría de una tía, dos nuevos grupos e intérpretes padrísimos: Kevin Johanssen (¡gracias Gustavo!) y Mirabai Ceiba. El regalo de la amistad, de la vida y la salud, de mis amistades y familia en otras partes del mundo, esos también estuvieron presentes, por los que me alegro mucho y les agradezco.

Hoy que es día de San Ignacio de Loyola y compañeros de la comunidad jesuita alrededor del mundo se dieron cita en Líbano, traigo esta frase que se propuso en esa reunión para meditar: “Agradecer la historia, vivir el presente y proyectar con esperanza el futuro”. Creo que ésta ha sido la invitación que se ha clarificado a lo largo del año. La limpieza que inicié en mi cuarto, el recuento de lo que he vivido –a modo de flash, notas incompletas para presentarme ante otros compañeros-, la lectura inicial de “El valor de educar” de Fernando Savater, un cumpleaños muy agradable y fluido… remembranzas de TRAL…  todo va terminando de armar el boceto que se mezcla con noticias sobre nuestro México que duelen, otras que dan esperanza… con música, poesía, ideas que reaparecen sobre la red. Una trama humana, la trama social en la que somos, con y para la que somos. Los inventos y descubrimientos necesarios detrás de cada artefacto o herramienta que utilizo, la Historia presente, el devenir de la humanidad. Aquello que va quedando registrado en una factura, en una fotografía, o una carta de hace más de diez años, son huellas en el corazón, en las finanzas, en las cosas y su alma. Estoy realmente asombrada, como si estuviera ante un paisaje infinito y complejo sintiéndome parte de ese entramado, con sus claroscuros. Así que, gracias a la Vida.

Y bueno, querido lector, sé que esta entrada es más variopinto que cualquier otra que he escrito. Prometo para las siguientes escribir sobre mi experiencia en Chile, a principios de año o sobre algunas imágenes con las que me he topado a propósito de las prácticas de comunicación, las herramientas tecnológicas y la red Internet.

¡Saludos y gracias por leerme!

Un abrazo a los héroes y heroínas de todos los días, del cotidiano. Y a la historia de cada uno y una, a las horas de luz, las horas negras… que la esperanza nos mantenga en camino.

Y por último, una frase que encontré en este excelente blog de Nando Prados, viajero en bicicleta (que por cierto este mes también fue posible participar en mi primer paseo con el grupo Femibici):

NUNCA SE VA TAN LEJOS COMO CUANDO NO SE SABE A DONDE SE VA.
Octavio Paz